No rige más, fue reemplazada por la Acción meramente declarativa.
En esta acción el actor era obligado a ejercer su derecho procesal de acción.Nadie puede ser obligado a intentar o proseguir una acción contra su voluntad, excepto cuando públicamente se jacte de que otro es su deudor, o de que tiene que deducir derechos sobre alguna cosa que otro posee.
Es sujeto demandado en esta acción la persona que públicamente (notoriamente) se jacte de que otro es su deudor, o de que tiene que deducir derechos sobre alguna cosa que otro posee.
Es sujeto actor o demandante en esta acción, el poseedor de la cosa respecto de la cual se ha indicado por el jactancioso que se deducirán derechos o la persona a la que se ha imputado ser deudor del jactancioso.
El Código de Procedimientos de la Capital Federal regulaba la acción de jactancia -arts.425 a 432.
Este instituto provenía de la Edad Media, y consistía básicamente en una acción que se promovía contra una persona quien se habría atribuído derechos o calidades, a fin de que el juez lo intimara a pronunciarse sobre la verdad o falsedad de los mismos. En el supuesto caso de ratificación se lo obligaba a entablar demanda, so pena de perder el derecho a la acción.
El problema desde el nacimiento de esta institución es que contrariaba el principio romano de que “nadie puede ser obligado a actuar contra su voluntad”.
A partir de la sanción de la ley Nº 17454 queda excluida la acción de jactancia de la legislación vigente y se introduce la acción meramente declarativa.
Morello, en su libro " La acción meramente declarativa en la jurisprudencia "opina que la relación entre estos dos institutos consiste en que “ambos tienden a dar certeza jurídica”.
Andrade, en su libro " La acción meramente declarativa " aclara que esta última es más que la acción de jactancia y difiere en cuanto que en la acción de jactancia se requieren dos procesos y un proceder jactancioso; mientras que la acción meramente declarativa - proceso único - no requiere de dicho proceder como requisito.
Hay que vencer con clase y perder con osadía, porque el mundo pertenece a quienes se atreven.
